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Reset... Un Nuevo Punto de Partida


Reset... es un espacio que desea expesar un lenguaje dirigido al corazón y no a la razón. La razón pone límites y enjuicia cotinuamente, convirtiendonos en seres realistas, haciendo que nos enfoquemos en las dificultades y en los problemas, en lugar de en el lado positivo de las cosas y en las oportunidades, nuestro lado más creativo que nace de la conciencia pura, infinita e ilimitada .

Somos viajeros en un viaje cósmico: polvo de estrellas que gira y baila en los remolinos del infinito. La vida es eterna. Pero las expresiones de la vida son efímeras, momentáneas, transitorias.

Gautama el Buda, dijo en cierta ocasión:

Esta existencia nuestra es tan transitoria como las nuebes de otoño. Contemplar el nacimiento y la muerte de los seres humanos es como mirar los movimientos de una danza.


Una vida es como un relámpago en el cielo; corre como un torrente por la ladera de una montaña.

Nos hemos detenido un momento a encontrarnos, a conocernos, a amarnos, a compartir. Éste es un momento precioso, pero es transitorio. Es un pequeño paréntesis en la eternidad. Si compartimos con intéres, con ligereza de corazón y con amor, crearemos abundancia y alegría los unos para los otros.
Y entonces este momento habrá merecido la pena.

De eso trata esencialmente este espacio de crecimiento humano que te invita a participar, pues todos aprendemos de todos, de reiniciar nuestras vidas desde un nuevo punto de partida. Reset... es tu espacio y tu tiempo para expresar lo que deseas cuando habla el corazón. Deja de querer y empieza a ser.

¿Éxiste algo más emocionante que el conocimiento de uno mismo? ¿Me acompañas?

FACUNDO CABRAL

La influencia de la palabra en la conciencia en un don, un arte, un bello reflejo del interior, de aquel que hace brotar de su corazón la pureza de lo ecuanime... serenandote, relajandote, haciendote volver al centro de tu Ser. Facundo Cabral, es de esa extraña belleza capaz de iluminar, a todo aquel que puro de corazón escucha sus palabras, y sin niguna pretensión le acompaña en el viaje para recomenzar...

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jueves, 27 de agosto de 2009

El Amor Cura Ho´oponopono

http://hoponopono.blogspot.com/La sanación de tu mundo comienza en ti:
Hace algún tiempo, escuché hablar de un terapeuta en Hawaii que curó un pabellón completo de pacientes criminales con serias patologías (locos) sin siquiera ver a ninguno de ellos. El psicólogo estudiaba la ficha del recluso y luego miraba dentro de si mismo para ver cómo él (el psicólogo) había creado la enfermedad de esa persona. En la medida en que él mejoraba, el paciente mejoraba también.

La primera vez que escuché hablar de esta historia, pensé que era una leyenda urbana. ¿Cómo podía cualquiera curar a otro tratando de curarse a si mismo? Y, ¿cómo podía, aunque fuera un verdadero maestro, con un gran poder de autocuración, sanar a criminales insanos? No tenía ningún sentido, no era lógico. De modo que descarté esta historia.
Sin embargo, la escuche nuevamente de forma casual. El terapeuta había usado un proceso de sanación hawaiano llamado “Ho´oponopono”. Nunca había oído hablar de esta técnica, sin embargo no podía dejar de pensar en esa historia. Si era totalmente cierta, yo tenía que saber más.



Siempre había entendido que “total responsabilidad” significaba que soy el responsable de lo que pienso y hago. Pero lo que esté mas allá, está fuera de mis manos. Creo que la mayor parte de la gente piensa lo mismo acerca de la responsabilidad: somos responsables de lo que hacemos, no de lo que los otros hacen, pero eso no es así.
El terapeuta Hawaiano que sanó a esas personas mentalmente enfermas, el Dr. Ihaleakala Hew Len, me enseñaría una nueva perspectiva acerca de lo que es la total responsabilidad. Y lo hizo a través de uno de sus discipulos Jhon Curtís, en una conferencia que escuche en la Web, y posteriormente en uno de sus seminarios.
Jhon Curtis explicaba, que el Dr. Len había trabajado en el Hospital Estatal de Hawaii durante cuatro años. El pabellón donde encerraban a los enfermos criminales era peligroso. Por regla general los psicólogos renunciaban al mes de trabajar allí. La mayor parte de los miembros del personal se enfermaban al poco tiempo o simplemente renunciaban. La gente que atravesaba el pabellón caminaba con sus espaldas contra la pared, temerosos de ser atacados por los pacientes. No era un lugar placentero para vivir, ni para trabajar ni para visitar.
El Dr. Len dijo que el nunca vio a los pacientes. Acordó tener una oficina y estudiar los historiales de cada recluso. Mientras miraba esos documentos, trabajaba sobre si mismo. Y mientras lo hacía, los pacientes mejoraban.
“Luego de unos pocos meses, a los que debían permanecer encadenados se les podía permitir que caminaran libremente”. “A otros, a quienes tenían que mantener permanentemente medicados, se les podía reducir las dosis. Y algunos, que no hubieran tenido jamás la posibilidad de ser liberados, fueron dados de alta”. Yo estaba asombrado. “No solamente eso”, continuó, “sino que el personal comenzó a disfrutar de su trabajo.”
“El ausentismo y los cambios de personal disminuyeron drásticamente. Terminamos con más personal del que necesitábamos porque los pacientes eran liberados, pero todo el personal venía a trabajar. Hoy ese pabellón está cerrado.”
Aquí es, lógicamente, donde le hice la pregunta del millón de dólares:  (Jhon Curtis) “¿Qué estuvo haciendo usted consigo mismo que provocó el cambio en esas personas?”
“Simplemente estaba sanando la parte de mí que había creado sus enfermedades”, dijo él. No entendí. El Dr. Len me explicó que la total responsabilidad se extiende a todo lo que está presente en tu vida, simplemente porque está en tu vida. Es tu responsabilidad en un sentido literal. Todo el mundo es tu creación.



¡Uau! Esto es muy difícil de aceptar. Ser responsable por lo que yo hago o digo es una cosa. Pero ser responsable por lo que cualquiera que esté en mi vida haga o diga, es otra muy distinta. Si asumes completa responsabilidad por tu vida, entonces todo lo que ves, escuchas, saboreas, tocas o experimentas, de cualquier forma, es tu responsabilidad. Esto significa que la actividad terrorista, el presidente de tu país, la economía o cualquier cosa que experimentas y no te gusta, están allí para que tu las sanes. No existen, por decirlo así, excepto como proyecciones que salen de tu interior. El problema no está ahí afuera, está en ti, y para resolverlo, tú debes cambiar.
Sé que esto es difícil de aceptar, mucho menos de vivirlo realmente. Echarle a otro la culpa es mucho más fácil que asumir la total responsabilidad. Pero mientras escuchaba las enseñanzas de el Dr. Len, comencé a comprender que esta sanación tan particular, el Ho’oponopono, significa amarse plenamente a uno mismo.
Si deseas mejorar tu vida, debes sanar tu vida. Si deseas curar a cualquiera, aún a un criminal mentalmente enfermo, lo haces curándote a tí mismo.





Lo más interesante fue escuchar y aprender como el Dr. Len se curaba a si mismo, qué era lo que hacía exactamente cuando miraba las fichas de los pacientes.

“Simplemente decía ‘Lo siento’ y ‘Te amo’, una y otra vez” explicó él: “Lo siento… Te amo”

“¿Sólo eso?”

 “Sólo eso.”

“Resulta que amarte a ti mismo es la mejor forma de mejorarte a ti mismo. Y mientras te mejoras a ti mismo, mejoras tu mundo y todo lo que habita en el.”







Permíteme darte un rápido ejemplo de como funciona esto: en una oportunidad recibí un e-mail muy agresivo, que me desequilibró. Normalmente hubiera intentado manejar la situación trabajando sobre mis aspectos emocionales más negativos o tratando de razonar con la persona que envió el mensaje. Esa vez decidí probar el método el Dr. Len. Me puse a pronunciar silenciosamente “lo siento” y “te amo”. No lo decía a nadie en particular. Simplemente estaba invocando el espíritu del amor para sanar, dentro de mí, lo que estaba creando esa circunstancia externa.


En el término de una hora recibí otro e-mail de la misma persona. Se disculpaba por el mensaje anterior. Ten presente que no realicé ninguna acción externa que provocara la disculpa. Ni siquiera contesté el mensaje.
           Sin embargo, sólo diciendo “te amo”, de algún modo sané dentro de mí lo que estaba creando en él.

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